"El texto es un tejido de citas provenientes de los mil focos de la cultura”(Roland Barthes)
martes, 18 de diciembre de 2012
martes, 27 de noviembre de 2012
domingo, 25 de noviembre de 2012
viernes, 23 de noviembre de 2012
Literatura: constructora de subjetividades
La lectura literaria tiene una importante influencia en la construcción de la subjetividad, algo invalorable para el momento en que vivimos, en el que nos vemos necesitados de construir una nueva subjetividad como habitantes del mundo actual, un mundo que exige nuevos paradigmas para su interpretación.
Múltiples disciplinas vinculadas a la psicología reclaman la necesidad de construir un marco conceptual distinto en el que sea posible desarrollar un nuevo concepto de subjetividad, pensado hoy desde la idea del devenir y el acontecimiento, ya que los parámetros tradicionales no alcanzan para hacer frente a la pérdida de certezas, a los derrumbes de verdades, de ideologías, al avance tecnológico desmedido y otros cambios violentos e imparables a los que estamos expuestos y que nos crean una enorme incertidumbre.
Una condición que varios filósofos reconocen como indispensable para hacer frente a estos cambios es la de desarrollar la creatividad, la invención y la imaginación. Consideran que ya no es exclusivamente desde la razón que podemos comprender, modificar o actuar sobre nuestra realidad. Cada época instaura una forma de interiorizar lo externo, y es esa forma lo que debe cambiar. Esa manera de hacerlo, a la que Nietzsche denomina la voluntad de poder, o Deleuze designa borde o pliegue, es lo que constituye en sí mismo el llamado proceso de subjetivación.
Bettina Caron, Posmodernidad y lectura
http://www.educ.ar/recursos/ver?rec_id=100701
lunes, 12 de noviembre de 2012
de Toni Negri
***Extracto de la conferencia dictada en el Instituto Francés de Budapest el 25 de mayo de 2012***
Observando los movimientos de 2011 se puede notar cómo han desarrollado una temporalidad específica. Quienes hayan seguido la historia de los movimientos sociales y políticos en Occidente después de la segunda posguerra, y sobre todo después de Mayo del 68, han notado sin embargo como éstos de un modo frecuente (casi siempre) han nacido de una forma reactiva, como resultado de hechos o accidentes históricos imprevistos. El desarrollo de estos movimientos se ha dado normalmente en el ritmo de la respuesta a las decisiones del poder. Las estrategias del poder casi siempre han anticipado las de los movimientos democráticos. Los movimientos de 2011 muestran en cambio una independencia acentuada y una autonomía en la gestión del propio desarrollo, en la gradación de su potencia constituyente. Estos movimientos muestran características nuevas, sea en la definición de la temporalidad como en la determinación de la propia disposición espacial. Surge la hipótesis de que "una ontología dinámica del ser social" pueda aquí proponerse de maneras originales y radicales.
Tiempo autónomo
Cuando, por ejemplo, se insiste sobre la larga y expansiva temporalidad de la "primavera árabe" podría parecer que se introduce subrepticiamente una concepción diferente del tiempo de la aceleración insurreccional de los acontecimientos que normalmente definen el inicio de toda lucha. Pero no es así: el proceso de decisión en asambleas abiertas, horizontales, que caracterizan todos los "acampes" de 2011, es también muy lento. ¿Tendrían entonces que privilegiarse el tiempo lento y la longue durée de los procesos institucionales por sobre los acontecimientos insurreccionales, como había sugerido Tocqueville? No lo pensamos de este modo. Aquello que es interesante y nuevo en estas luchas no es la lentitud o la velocidad, sino la autonomía política con la que administran la propia temporalidad. Esto muestra una enorme diferencia de los ritmos rígidos o histéricos de los movimientos alter-globales que seguían a los encuentros de las cumbres gubernamentales del inicio de nuestro siglo. En sentido opuesto, en el ciclo de luchas de 2011, velocidad, lentitud, profunda intensidad y aceleración superficial están combinados y mezclados. En cada momento el tiempo es quebrado en la programación impuesta por las presiones externas y por las etapas electorales y establece su propio calendario y sus ritmos de desarrollo. Esta noción de temporalidad autónoma nos ayuda a clarificar por qué pretendemos que estos movimientos se presenten como alternativos . Una alternativa en efecto no es una acción, una propuesta, o bien un discurso simplemente opuesto al programa del poder, sino que es un nuevo dispositivo , radicado sobre un punto de vista asimétrico. Este punto de vista se encuentra en otro lugar . Su autonomía hace coherentes los ritmos de una temporalidad propia y en esta perspectiva produce nueva subjetividad, luchas y principios constituyentes.
Las determinaciones temporales de una acción constituyente fluctúan entre la latencia y la rapidez en relación con otros factores. Lo más importante es cuán contagiosa, o mejor, epidémica pueda resultar cada acción constituyente. Demandar la libertad frente a un poder dictatorial, por ejemplo, introduce y difunde la idea de una igual distribución de la riqueza, como ha sucedido en Túnez y Egipto; pone el deseo de la democracia contra la estructura tradicional de la representación política revelando también la necesidad de participación y transparencia, como en España; abre la protesta contra la desigualdad creada por el control financiero y conduce a demandar una organización democrática de lo Común y del libre acceso, como en Estados Unidos, y así sucesivamente. Las temporalidades son veloces o lentas, en la medida de la intensidad viral de la comunicación de las ideas y de los deseos que, en cada caso, instituyen síntesis singulares. No hay aquí, evidentemente, "autonomía de lo político", en el sentido schimittiano; las decisiones constituyentes de los acampes se forman a través de construcciones complejas y negociaciones de conocimiento. No hay ningún líder o comité central que decida. El método deviene esencial, como lo es el discurso programático: los indignados españoles y los ocupantes de Wall Street combinan en su discurso y en sus acciones la crítica de las formas políticas representativas y la protesta contra la desigualdad social y el dominio financiero.
Una ontología plural de lo político
Las luchas de 2011 han sucedido en lugares muy diversos y sus protagonistas tienen formas de vida muy distintas: ¿por qué, entonces, consideramos estas luchas como parte de un mismo ciclo?
Es, antes que nada, evidente que estas luchas se enfrentan a un mismo enemigo, caracterizado por su poder sobre la deuda, sobre los medios, sobre los regímenes de seguridad y sobre el sistema corrupto de la representación política. Sin embargo, el primer punto a subrayar es que las prácticas, las estrategias y los objetivos, si bien son diferentes, han sido capaces de conectar y de combinar diversas luchas plurales en un proyecto singular, creando un terreno común. El "collar" que reúne, que agrupa, puede ser inicialmente lingüístico, cooperativo y basado en los network . Pero este lenguaje común se ensancha pronto a través de los procesos de decisión horizontales. Esto requiere una autonomía temporal. Comienza frecuentemente con comunidades pequeñas o con grupos barriales (en Tel Aviv los indignados israelíes reproducían el espíritu y la forma política de la tradición kibbutzin ). Estos movimientos han intentado encontrar sustento e inspiración en los modelos federalistas. Pequeños grupos y comunidades se reúnen y crean proyectos comunes sin renunciar a las propias diferencias: el federalismo constituye un motor de recomposición. Pocos elementos de la teoría del Estado y de la soberanía federal permanecen aquí; existe más bien el residuo de las pasiones y de la inteligencia de una lógica federal de asociación. Por otra parte, muchas de las armas desarrolladas contra estos movimientos son animadas por el proyecto de romper las conexiones de estas lógicas federales. El extremismo religioso sirve con frecuencia para dividir los movimientos en los países árabes; formas vengativas y racistas de represión son utilizadas para dividir las insurrecciones en Gran Bretaña; y en Estados Unidos, en España y en Europa, las provocaciones policiales intentan empujar a las protestas no violentas hacia la violencia para crear divisiones.
Sin embargo la política está conquistando, a través de estos movimientos, una ontología plural. Un verdadero pluralismo de las luchas emerge de tradiciones diferentes y expresan diferentes objetivos combinados en una lógica federal y cooperativa -con el fin de crear un modelo de democracia constituyente en el cual las diferencias sean capaces de integrar y de construir nuevas instituciones- como quería Spinoza, desde abajo pero con gran potencia efectiva: contra el capital global, contra la dictadura de las finanzas, contra el biopoder que destruye la tierra y por un acceso libre a la autogestión de lo Común. La próxima etapa de los movimientos consistirá no sólo en vivir nuevas relaciones humanas, sino también en participar desde abajo para la construcción de nuevas instituciones. Si hasta aquí hemos construido la "política de la pluralidad", ahora tendremos que poner en movimiento la "máquina ontológica" de la pluralidad misma. Una ontología plural de lo político se ha puesto en acción, desde 2011 hasta ahora, en el encuentro y en la recomposición de subjetividades militantes. Para decirlo con Georg Lukács, la democracia es siempre una subversión del tiempo.
Traducción: Adrián Cangi y Ariel Pennisi
domingo, 28 de octubre de 2012
La salvación
LA SALVACIÓN
Isidoro Blaisten
Isidoro Blaisten
Buenas tardes, señor -dijo el viejo-, ¿qué desea?
-Señor -dijo el hombre que buscaba la salvación-, ¿tiene algo que me salve?.
El viejo dejó el lápiz encima de la boleta, lo corrió justo hasta el borde del talonario, cerró las tapas, apoyó las manos sobre el mostrador, ladeó la cabeza, y se lo quedó mirando por encima de los lentes.
El hombre ya empezaba a ponerse nervioso.
Por fin, el viejo dijo:
-Ajá, ¿conque algo que lo salve?
-Sí. ¿Tiene? -preguntó el hombre esperanzado.
El viejo tiró de la punta que asomaba apenas, extrajo el lápiz y dio unos cuantos golpecitos en el mostrador.
-Conque algo que lo salve -dijo nuevamente.
"Qué despacioso", pensó el hombre, "parece un telegrafista".
El viejo arrugó la cara y miró los estantes de arriba, con un ojo achicado, como si estuviera recordando. Después volvió a observar al hombre, salió de atrás del mostrador, y se alejó hacia el fondo del local, que era muy largo y bastante oscuro. Regresó empujando lentamente una escalera con rueditas, que estaba unida por un riel a los estantes de arriba.
El hombre notó que el viejo renqueaba un poco de la pierna derecha. Creyó que iba a subir, porque ya había apoyado la escalera, muy cerca de él, como a cinco pasos, pero el viejo la sacudió un poco verificando la solidez de los peldaños, se sonrió y dijo:
-Señor -dijo el hombre que buscaba la salvación-, ¿tiene algo que me salve?.
El viejo dejó el lápiz encima de la boleta, lo corrió justo hasta el borde del talonario, cerró las tapas, apoyó las manos sobre el mostrador, ladeó la cabeza, y se lo quedó mirando por encima de los lentes.
El hombre ya empezaba a ponerse nervioso.
Por fin, el viejo dijo:
-Ajá, ¿conque algo que lo salve?
-Sí. ¿Tiene? -preguntó el hombre esperanzado.
El viejo tiró de la punta que asomaba apenas, extrajo el lápiz y dio unos cuantos golpecitos en el mostrador.
-Conque algo que lo salve -dijo nuevamente.
"Qué despacioso", pensó el hombre, "parece un telegrafista".
El viejo arrugó la cara y miró los estantes de arriba, con un ojo achicado, como si estuviera recordando. Después volvió a observar al hombre, salió de atrás del mostrador, y se alejó hacia el fondo del local, que era muy largo y bastante oscuro. Regresó empujando lentamente una escalera con rueditas, que estaba unida por un riel a los estantes de arriba.
El hombre notó que el viejo renqueaba un poco de la pierna derecha. Creyó que iba a subir, porque ya había apoyado la escalera, muy cerca de él, como a cinco pasos, pero el viejo la sacudió un poco verificando la solidez de los peldaños, se sonrió y dijo:
-Ahora, señor, si usted se diera vuelta...
-¡Eso nunca! -dijo el hombre con el rostro demudado y haciendo un ademán de irse.
- Por favor -dijo el viejo sonriéndose más todavía-.
Por favor -volvió a decir-. No me interprete mal. Tiene que ser sin mirar. Dese vuelta y cierre los ojos.
-¡Eso nunca! -dijo el hombre con el rostro demudado y haciendo un ademán de irse.
- Por favor -dijo el viejo sonriéndose más todavía-.
Por favor -volvió a decir-. No me interprete mal. Tiene que ser sin mirar. Dese vuelta y cierre los ojos.
El hombre se dio vuelta y cerró los ojos.
El viejo tardaba. Por fin oyó que subía, respirando fuerte, como si le costase.
El hombre hizo un amago de girar el cuerpo. Desde lo alto escuchó la voz del viejo.
- Ah, no, así no vale. Ya le dije que tiene que ser sin mirar. Dese vuelta y cierre los ojos. ¡Y no espíe, eh!
El hombre apretó fuertemente los párpados, tanto, que la cara se le distendió en una mueca, como si estuviese riendo con la boca cerrada.
Atrás, arriba, el viejo estaba revolviendo algo, alguna mercadería, que hacía ruido a lata. De pronto el sonido cesó.
El hombre sintió que el corazón le empezaba a latir apresuradamente. Tu vo miedo. El viejito no la podía encontrar.Ya la había vendido toda. Se daría vuelta en la escalera, y le diría:
- Señor mío, lo siento mucho. No queda más. Ya puede mirar. Y bajando despaciosamente los escalones, agregaría:
- Hasta la semana que viene no hay nada que hacer... Usted tendría que darse una vueltita el jueves, o más seguro el viernes.
Entonces él, saturado de cansancio, preguntaría por rutina:
-Y dígame, señor, ¿no sabe dónde se podrá conseguir por acá cerca?
-Pero no le estoy diciendo, señor, que la semana entrante la recibimos seguro -insistiría el viejo ya un poco amoscado y apoyando la pierna renga en el suelo.
-No, no puedo esperar. Gracias -y tendría que irse, y suicidarse con bicloruro de mercurio.
Pero no fue así. El viejo seguía revolviendo cosas. "Probablemente debe de haber cajas de cartón, también", pensó el hombre, porque por momentos el ruido a lata se amortiguaba.
El viejo dijo:
-Ajá, já, por ai cantaba Garay.
Por la forma como le salió la voz, parecía que estaba tironeando de algo. "Como si estuviera sacando una muela", pensó el hombre.
-Ya está -dijo el viejo.
El hombre dio un salto. Una media vuelta como los soldados.
- Ah, no -dijo el viejo desde arriba-, sin darse vuelta.
El hombre volvió a su posición. No había alcanzado a ver más que el saco color gris rata del viejo, un poco del pantalón marrón, de un marrón muy antiguo, porque le trajo un recuerdo impreciso de cuando era chico, y dos rayas anchas y blancas.
La escalera empezó a crujir. El viejo bajaba. Al hombre le pareció que el descenso se le hacía interminable. De frente, escondiendo algo detrás de la espalda, el viejo tarareaba las palabras como los chicos:
-Ya está, ya está, ya está.
Llegó hasta donde estaba el hombre.
- Ahora, sin espiar, se me va a dar vuelta para el otro lado -dijo.
Y le apoyó la mano libre en el hombro, lo ayudó a girar, y verificó que tuviese los ojos bien cerrados.
-¿Ya está? -preguntó el hombre.
-Ya va a estar, ya va a estar -dijo el viejo pasando detrás del mostrador.
Hizo un ruido con la bobina que al hombre le pareció raro, sobre todo al tirar del papel y al cortarlo. Pensó que ya estaba exagerando. "Cuánta parsimonia", se dijo. "Evidentemente, ya está haciendo el paquete. "Y lo que el viejito le estaba por vender debía de ser bastante pesado, porque hizo un ruido contundente al ponerlo sobre el mostrador.
- ¿Ya está? -volvió a preguntar el hombre, impaciente, aunque sabía que no estaba, porque recién, recién el viejito lo había acomodado para envolverlo.
-Ya va a estar, ya va a a estar -y el hombre oyó nítidamente el crujido del primer doblez.
Además, pensó, debía de ser cuadrado, porque el viejito hacía los pliegues con golpes secos, como siguiendo con la palma de la mano unos ángulos rígidos.
Ahora le estaba poniendo el piolín.
El viejo cortó el sobrante del hilo. "Seguro que con un alicate", pensó el hombre. Después el viejo golpeó con el paquete ya hecho sobre el mostrador y dijo, canturreando la a final como dándole la seguridad al hombre de que efectivamente había terminado:
-Ya está.
El hombre primero abrió los ojos, después sacudió la cabeza como un nadador que sale del agua, se dio vuelta y miró el paquete.
El viejo lo sostenía colgado del moñito, con dos dedos, en un gesto casi gracioso. El hombre vio que tenía forma de prisma, y que estaba eficientemente hecho, con papel madera verde.
"La verdad, que da gusto", pensó. Y sonriendo, lo agarró con las dos manos, como si sacara la sortija.
Lo tuvo un momento contra el pecho. Después, como si recapacitara, lo puso debajo de la axila, y metiendo la mano en el bolsillo del pantalón, preguntó apurado:
-¿Cuánto es?
- Novecientos noventa y cinco pesos -dijo el viejo-. ¿Necesita factura?
-No, no hace falta -dijo el hombre.
El viejo rebuscaba en el cajón del mostrador. El hombre hizo un gesto con la mano rechazando el vuelto.
- Está bien, señor, déjelo.
- Valiente -dijo el viejo dándole una moneda de cinco pesos-.Que lo pase usted bien. Buenas tardes -Y se agachó para recoger el lápiz que se había caído.
El hombre apretó el paquete y salió. Recién entonces se dio cuenta de que al abrirse la puerta, sonaba como un carillón, o una caja de música.
El paquete era más o menos como un ladrillo, no tan grande, como le había parecido al verlo, ni tampoco tan pesado.
El hombre deshizo el nudo con impaciencia, y consiguió desenvolver la primera vuelta del hilo, porque el viejo le había dado dos. Cuando le estaba sacando los parches de dúrex, y mientras pensaba: "Qué curioso, no me había dado cuenta de que le había puesto dúrex. Prolijo, el viejito", lo atropelló el Mercedes de color verde musgo.
El viejo tardaba. Por fin oyó que subía, respirando fuerte, como si le costase.
El hombre hizo un amago de girar el cuerpo. Desde lo alto escuchó la voz del viejo.
- Ah, no, así no vale. Ya le dije que tiene que ser sin mirar. Dese vuelta y cierre los ojos. ¡Y no espíe, eh!
El hombre apretó fuertemente los párpados, tanto, que la cara se le distendió en una mueca, como si estuviese riendo con la boca cerrada.
Atrás, arriba, el viejo estaba revolviendo algo, alguna mercadería, que hacía ruido a lata. De pronto el sonido cesó.
El hombre sintió que el corazón le empezaba a latir apresuradamente. Tu vo miedo. El viejito no la podía encontrar.Ya la había vendido toda. Se daría vuelta en la escalera, y le diría:
- Señor mío, lo siento mucho. No queda más. Ya puede mirar. Y bajando despaciosamente los escalones, agregaría:
- Hasta la semana que viene no hay nada que hacer... Usted tendría que darse una vueltita el jueves, o más seguro el viernes.
Entonces él, saturado de cansancio, preguntaría por rutina:
-Y dígame, señor, ¿no sabe dónde se podrá conseguir por acá cerca?
-Pero no le estoy diciendo, señor, que la semana entrante la recibimos seguro -insistiría el viejo ya un poco amoscado y apoyando la pierna renga en el suelo.
-No, no puedo esperar. Gracias -y tendría que irse, y suicidarse con bicloruro de mercurio.
Pero no fue así. El viejo seguía revolviendo cosas. "Probablemente debe de haber cajas de cartón, también", pensó el hombre, porque por momentos el ruido a lata se amortiguaba.
El viejo dijo:
-Ajá, já, por ai cantaba Garay.
Por la forma como le salió la voz, parecía que estaba tironeando de algo. "Como si estuviera sacando una muela", pensó el hombre.
-Ya está -dijo el viejo.
El hombre dio un salto. Una media vuelta como los soldados.
- Ah, no -dijo el viejo desde arriba-, sin darse vuelta.
El hombre volvió a su posición. No había alcanzado a ver más que el saco color gris rata del viejo, un poco del pantalón marrón, de un marrón muy antiguo, porque le trajo un recuerdo impreciso de cuando era chico, y dos rayas anchas y blancas.
La escalera empezó a crujir. El viejo bajaba. Al hombre le pareció que el descenso se le hacía interminable. De frente, escondiendo algo detrás de la espalda, el viejo tarareaba las palabras como los chicos:
-Ya está, ya está, ya está.
Llegó hasta donde estaba el hombre.
- Ahora, sin espiar, se me va a dar vuelta para el otro lado -dijo.
Y le apoyó la mano libre en el hombro, lo ayudó a girar, y verificó que tuviese los ojos bien cerrados.
-¿Ya está? -preguntó el hombre.
-Ya va a estar, ya va a estar -dijo el viejo pasando detrás del mostrador.
Hizo un ruido con la bobina que al hombre le pareció raro, sobre todo al tirar del papel y al cortarlo. Pensó que ya estaba exagerando. "Cuánta parsimonia", se dijo. "Evidentemente, ya está haciendo el paquete. "Y lo que el viejito le estaba por vender debía de ser bastante pesado, porque hizo un ruido contundente al ponerlo sobre el mostrador.
- ¿Ya está? -volvió a preguntar el hombre, impaciente, aunque sabía que no estaba, porque recién, recién el viejito lo había acomodado para envolverlo.
-Ya va a estar, ya va a a estar -y el hombre oyó nítidamente el crujido del primer doblez.
Además, pensó, debía de ser cuadrado, porque el viejito hacía los pliegues con golpes secos, como siguiendo con la palma de la mano unos ángulos rígidos.
Ahora le estaba poniendo el piolín.
El viejo cortó el sobrante del hilo. "Seguro que con un alicate", pensó el hombre. Después el viejo golpeó con el paquete ya hecho sobre el mostrador y dijo, canturreando la a final como dándole la seguridad al hombre de que efectivamente había terminado:
-Ya está.
El hombre primero abrió los ojos, después sacudió la cabeza como un nadador que sale del agua, se dio vuelta y miró el paquete.
El viejo lo sostenía colgado del moñito, con dos dedos, en un gesto casi gracioso. El hombre vio que tenía forma de prisma, y que estaba eficientemente hecho, con papel madera verde.
"La verdad, que da gusto", pensó. Y sonriendo, lo agarró con las dos manos, como si sacara la sortija.
Lo tuvo un momento contra el pecho. Después, como si recapacitara, lo puso debajo de la axila, y metiendo la mano en el bolsillo del pantalón, preguntó apurado:
-¿Cuánto es?
- Novecientos noventa y cinco pesos -dijo el viejo-. ¿Necesita factura?
-No, no hace falta -dijo el hombre.
El viejo rebuscaba en el cajón del mostrador. El hombre hizo un gesto con la mano rechazando el vuelto.
- Está bien, señor, déjelo.
- Valiente -dijo el viejo dándole una moneda de cinco pesos-.Que lo pase usted bien. Buenas tardes -Y se agachó para recoger el lápiz que se había caído.
El hombre apretó el paquete y salió. Recién entonces se dio cuenta de que al abrirse la puerta, sonaba como un carillón, o una caja de música.
El paquete era más o menos como un ladrillo, no tan grande, como le había parecido al verlo, ni tampoco tan pesado.
El hombre deshizo el nudo con impaciencia, y consiguió desenvolver la primera vuelta del hilo, porque el viejo le había dado dos. Cuando le estaba sacando los parches de dúrex, y mientras pensaba: "Qué curioso, no me había dado cuenta de que le había puesto dúrex. Prolijo, el viejito", lo atropelló el Mercedes de color verde musgo.
Prácticamente le aplastó la cabeza con la rueda izquierda.
Se juntó un montón de gente.
Lo taparon con una bolsa de cal, que un corredor de seguros mandó traer enseguida de la obra en construcción que estaba al lado.
Cuando llegó la ambulancia, todos se corrieron y le dejaron paso. Deportivamente, bajaron el chofer y el practicante; parecían dos jugadores al entrar a la cancha. Trotaron hasta el hombre, se agacharon, lo destaparon y se miraron entre ellos.
El practicante quiso saber qué había en el paquete. El muerto lo sostenía apretado contra el pecho. Trató de abrirle las manos, pero no pudo. Tampoco pudo separarle los dedos. Entonces lo llevaron al hospital Pirovano. Lo bajaron con camilla y todo, y lo dejaron en la guardia, encima de otra camilla verde, con las patas despintadas.
El enfermero fue a llamar a la doctora.
Vino la doctora. La doctora era joven y gorda. Hablaba como un hombre, y decía malas palabras. Cuando lo destapó, hizo un gesto negativo con la cabeza.
Sintió curiosidad por el paquete. Intentó sacárselo. El practicante le dijo que no era tan fácil, que él ya había probado.
La doctora dijo, poniendo cara de inteligente: "Es que los muertos son muy duros". Y el practicante dijo: "Sí, parecen hijos de vascos".
La doctora tironeó de los restos del dúrex, y los desprendió. Sacó el papel nerviosamente, el doble papel, porque el viejo había sido muy minucioso. Entonces su expresión cambió. Su cara tenía ahora un visaje de asombro y desencanto.
La doctora creyó necesario hacer una frase entre el silencio de todos. La ocasión era propicia y a la doctora le gustaban mucho las frases. Miró alternativamente al enfermero, al chofer y al practicante, y dijo:
- Vean a qué cosas se aferran los seres humanos.
Se juntó un montón de gente.
Lo taparon con una bolsa de cal, que un corredor de seguros mandó traer enseguida de la obra en construcción que estaba al lado.
Cuando llegó la ambulancia, todos se corrieron y le dejaron paso. Deportivamente, bajaron el chofer y el practicante; parecían dos jugadores al entrar a la cancha. Trotaron hasta el hombre, se agacharon, lo destaparon y se miraron entre ellos.
El practicante quiso saber qué había en el paquete. El muerto lo sostenía apretado contra el pecho. Trató de abrirle las manos, pero no pudo. Tampoco pudo separarle los dedos. Entonces lo llevaron al hospital Pirovano. Lo bajaron con camilla y todo, y lo dejaron en la guardia, encima de otra camilla verde, con las patas despintadas.
El enfermero fue a llamar a la doctora.
Vino la doctora. La doctora era joven y gorda. Hablaba como un hombre, y decía malas palabras. Cuando lo destapó, hizo un gesto negativo con la cabeza.
Sintió curiosidad por el paquete. Intentó sacárselo. El practicante le dijo que no era tan fácil, que él ya había probado.
La doctora dijo, poniendo cara de inteligente: "Es que los muertos son muy duros". Y el practicante dijo: "Sí, parecen hijos de vascos".
La doctora tironeó de los restos del dúrex, y los desprendió. Sacó el papel nerviosamente, el doble papel, porque el viejo había sido muy minucioso. Entonces su expresión cambió. Su cara tenía ahora un visaje de asombro y desencanto.
La doctora creyó necesario hacer una frase entre el silencio de todos. La ocasión era propicia y a la doctora le gustaban mucho las frases. Miró alternativamente al enfermero, al chofer y al practicante, y dijo:
- Vean a qué cosas se aferran los seres humanos.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
Manos juntas
No seré el poeta de un mundo caduco
Tampoco cantaré al mundo futuro.
Estoy aferrado a la vida y miro a mis compañeros.
Se los ve taciturnos pero nutren grandes esperanzas.
Junto a ellos considero la enorme realidad.
El presente es tan grande, no nos apartemos.
No nos apartemos mucho, vayamos tomados de la mano.
No seré el cantor de una mujer, de una historia,
no diré los suspiros al anochecer, el paisaje observado desde la ventana,
no distribuiré estupefacientes o cartas de suicida,
no huiré a las islas ni seré raptado por serafines.
El tiempo es mi materia, el tiempo presente, los hombres presentes,
la vida presente.
Carlos Drummond de Andrade, José
martes, 11 de septiembre de 2012
No me aumentaron el sueldo por tu ausencia
sin embargo
el frasco de Nescafé me dura el doble
el triple las hojas de afeitar.
Antonio Cisneros
http://www.youtube.com/watch?v=CIu8Dq4f2-Y
sábado, 8 de septiembre de 2012
Reservorio de felicidad
Las vacaciones
El mar
Tu cama
Mis amigas
Sus risas
Las mías
El atardecer
En la ciudad
En la playa
En la montaña
El atardecer
Tu amor
Tus besos
La playa
Sus caminatas
Sus fútboles
Tus payasadas
Las mías
El rock nacional
El rock
Mis héroes adolescentes:
Los Beatles
Charly
El flaco
Charly
Las fotos
Los colores
Mi verde
Tu azul
Las fotos
Los colores
Mi verde
Tu azul
Los acordes
Los suspiros
Las olas
El viento
La arena
Los helados
Los chocolates
Tus besos
Mis sueños
Mis libros
Mi música
Mi piano
Mi piano
Sus risas
Los fogones
La carpa
El mar
El río
Los arroyos
Los lagos
Las montañas
El mar
Vos
domingo, 26 de agosto de 2012
"El valor de un texto bien podría medirse por lo que desencadena en quien lo lee. Los libros mejores, los mejores ensayos y artículos, los más eficaces poemas y canciones no pueden ser leídos o escuchados impunemente. La literatura, que se dirige a las conciencias, actúa sobre ellas, y cuando la acompañan la intención, el talento y la suerte, dispara en ellas los gatillos de la imaginación y la voluntad de cambio. En la estructura social de la mentira, revelar la realidad implica denunciarla, y se llega más allá cuando el lector crece un poquito a través de la lectura. Un libro no cambia el mundo, se dice, y es verdad. Pero, ¿qué lo cambia? Un proceso, acelerado o lento, según el caso; siempre incesante y de mil dimensiones simultáneas. La palabra escrita es una de ellas, y no una mera rueda auxiliar".
Eduardo Galeano
sábado, 18 de agosto de 2012
domingo, 12 de agosto de 2012
Leminskiana II
Amarte a vos es cosa de minutos
La muerte es menos que tu beso
Tan bueno ser tuyo como soy
Yo a tus pies arrodillado
Poco resta de lo que fui
De ti depende ser bueno o infeliz
Seré lo que creas conveniente
Seré para ti más que un perro
Una sombra que te anida
Un dios que no olvida
Un siervo que no dice que no
Muerto tu padre seré tu hermano
Diré los versos que tú desees
Olvidaré a todas las mujeres
Seré tanto y todo y todos
Tendrás náuseas de que yo sea eso
Y estaré a tu servicio
Mientras dure mi cuerpo
Mientras me corra en las venas
El rojo río que se inflama
Al ver tu rostro hecho una antorcha
Seré tu rey tu pan tu cosa tu roca
Sí, yo estaré aquí
Paulo Leminski
http://www.youtube.com/watch?v=EkPy18xW1j8
La muerte es menos que tu beso
Tan bueno ser tuyo como soy
Yo a tus pies arrodillado
Poco resta de lo que fui
De ti depende ser bueno o infeliz
Seré lo que creas conveniente
Seré para ti más que un perro
Una sombra que te anida
Un dios que no olvida
Un siervo que no dice que no
Muerto tu padre seré tu hermano
Diré los versos que tú desees
Olvidaré a todas las mujeres
Seré tanto y todo y todos
Tendrás náuseas de que yo sea eso
Y estaré a tu servicio
Mientras dure mi cuerpo
Mientras me corra en las venas
El rojo río que se inflama
Al ver tu rostro hecho una antorcha
Seré tu rey tu pan tu cosa tu roca
Sí, yo estaré aquí
Paulo Leminski
http://www.youtube.com/watch?v=EkPy18xW1j8
sábado, 11 de agosto de 2012
miércoles, 8 de agosto de 2012
El amenazado
Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. La hermosa
máscara ha cambiado, pero como siempre es la única. ¿De qué me servirán
mis talismanes: el ejercicio de las letras, la vaga erudición,
el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes,
los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos,
la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta
a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas,
pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz,
la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.
Jorge Luis Borges
sábado, 11 de febrero de 2012
"Me fastidia ser tan influenciable y dependiente de una sociedad con la cual no comparto la mayor parte de sus opiniones, motivaciones, objetivos y creencias. Pero uno no tiene casi significación como ser aislado, por más que se haya fortalecido como individuo y por más que profese un acentuado individualismo. La verdad de los hechos es que no somos otra cosa que un punto de cruce entre hilos que nos trascienden, que vienen no se sabe de dónde y van no se sabe adónde, y que incluyen a todos los demás individuos. Este mismo lenguaje que estoy empleando, no me pertenece; no lo inventé yo, y si lo hubiera inventado no me serviría para comunicarme".
Mario Levrero, El discurso vacío
"A veces pienso que hay un verdadero abismo entre la gente que anda por las calles, y yo. Me doy cuenta de que todos andan de un lado a otro ocupados en sus cosas, sin maravillarse del absurdo en que están inmersos. Yo no puedo dejar de maravillarme, y es en ese preciso punto en que comienza el sentimiento de lo maravilloso cuando la ciudad se redime y se transforma, para mí, en arte. De sufrir la ciudad paso a disfrutarla: la velocidad de los automóviles, la furia automática de los automovilistas, la carrera agotadora sin fin, con su tendal de vidas, la ansiedad, el atroz desequilibrio; el ruido, el humo, la muerte amenazando en cada cruce, el desgaste inútil de los nervios de las personas, de las vidas de las personas. Es como un cuadro lleno de fuerza, pintado por un loco; es arte, el arte más elaborado, más audaz, más avanzado; arte contemporáneo en permanente evolución. Es el fin de la razón, es el comienzo de la liberación. Las personas ya no son personas, son como los colores que utiliza el artista. Y el artista soy yo, y el único espectador soy yo, y el espectáculo comienza cuando yo llego".
Mario Levrero, El alma de Gardel
viernes, 10 de febrero de 2012
"Cuando verdaderamente entendemos el destino de los personajes, empezamos a sospechar que también nosotros, como ciudadanos del aquí y ahora, topamos con nuestro destino simplemente porque pensamos en nuestro mundo de la misma manera que los personajes de ficción piensan en el suyo. La ficción sugiere que quizá nuestra visión del mundo real sea tan imperfecta como la visión que los personajes de ficción tienen del suyo. Por este motivo, los personajes de ficción bien construidos se convierten en ejemplos supremos de la 'verdadera' condición humana".
Umberto Eco, Confesiones de un joven novelista
http://www.youtube.com/watch?v=RLQtSdpd2o8
Umberto Eco, Confesiones de un joven novelista
http://www.youtube.com/watch?v=RLQtSdpd2o8
"Yo no sabía que ese niño era visible en el hombre. Pero fue el mismo niño quien observó y quien me dijo que él estaba visible en mí, que aquellas mujeres lo miraban a él y no a mí. Y sobre todo, fue él quien las atrajo y las engañó primero. Después las engañó el hombre valiéndose del niño. El hombre aprendió a engañar como engañan los niños; y tuvo mucho que aprender y que copiarse (...) El niño, con su fuerza y su atracción, logró seducir al mismo hombre que él fue después; porque los encantos del niño fueron más grandes que los del hombre y porque al niño le encantaba más la vida que al hombre".
Felisberto Hernández, "El caballo perdido"
Uno aprende a andar sobre las catedrales
a morir desnuda en las grandes tiendas
de la ciudad
a dejar pájaros en los percheros
a estallar en el metro a las dos de la
tarde,
aprende que la magia
tiene que ser cuidada como un niño
desierto entre los lobos,
que a cualquier hora
puede hacernos el amor sus cosas.
Stella Calloni, "Cartas a Manú", Memorias de trashumante
a morir desnuda en las grandes tiendas
de la ciudad
a dejar pájaros en los percheros
a estallar en el metro a las dos de la
tarde,
aprende que la magia
tiene que ser cuidada como un niño
desierto entre los lobos,
que a cualquier hora
puede hacernos el amor sus cosas.
Stella Calloni, "Cartas a Manú", Memorias de trashumante
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