sábado, 11 de febrero de 2012

"Me fastidia ser tan influenciable y dependiente de una sociedad con la cual no comparto la mayor parte de sus opiniones, motivaciones, objetivos y creencias. Pero uno no tiene casi significación como ser aislado, por más que se haya fortalecido como individuo y por más que profese un acentuado individualismo. La verdad de los hechos es que no somos otra cosa que un punto de cruce entre hilos que nos trascienden, que vienen no se sabe de dónde y van no se sabe adónde, y que incluyen a todos los demás individuos. Este mismo lenguaje que estoy empleando, no me pertenece; no lo inventé yo, y si lo hubiera inventado no me serviría para comunicarme".

Mario Levrero, El discurso vacío
"A veces pienso que hay un verdadero abismo entre la gente que anda por las calles, y yo. Me doy cuenta de que todos andan de un lado a otro ocupados en sus cosas, sin maravillarse del absurdo en que están inmersos. Yo no puedo dejar de maravillarme, y es en ese preciso punto en que comienza el sentimiento de lo maravilloso cuando la ciudad se redime y se transforma, para mí, en arte. De sufrir la ciudad paso a disfrutarla: la velocidad de los automóviles, la furia automática de los automovilistas, la carrera agotadora sin fin, con su tendal de vidas, la ansiedad, el atroz desequilibrio; el ruido, el humo, la muerte amenazando en cada cruce, el desgaste inútil de los nervios de las personas, de las vidas de las personas. Es como un cuadro lleno de fuerza, pintado por un loco; es arte, el arte más elaborado, más audaz, más avanzado; arte contemporáneo en permanente evolución. Es el fin de la razón, es el comienzo de la liberación. Las personas ya no son personas, son como los colores que utiliza el artista. Y el artista soy yo, y el único espectador soy yo, y el espectáculo comienza cuando yo llego".

Mario Levrero, El alma de Gardel

viernes, 10 de febrero de 2012

"Cuando verdaderamente entendemos el destino de los personajes, empezamos a sospechar que también nosotros, como ciudadanos del aquí y ahora, topamos con nuestro destino simplemente porque pensamos en nuestro mundo de la misma manera que los personajes de ficción piensan en el suyo. La ficción sugiere que quizá nuestra visión del mundo real sea tan imperfecta como la visión que los personajes de ficción tienen del suyo. Por este motivo, los personajes de ficción bien construidos se convierten en ejemplos supremos de la 'verdadera' condición humana".

Umberto Eco, Confesiones de un joven novelista
http://www.youtube.com/watch?v=RLQtSdpd2o8
"Yo no sabía que ese niño era visible en el hombre. Pero fue el mismo niño quien observó y quien me dijo que él estaba visible en mí, que aquellas mujeres lo miraban a él y no a mí. Y sobre todo, fue él quien las atrajo y las engañó primero. Después las engañó el hombre valiéndose del niño. El hombre aprendió a engañar como engañan los niños; y tuvo mucho que aprender y que copiarse (...) El niño, con su fuerza y su atracción, logró seducir al mismo hombre que él fue después; porque los encantos del niño fueron más grandes que los del hombre y porque al niño le encantaba más la vida que al hombre".

Felisberto Hernández, "El caballo perdido"
"La identidad fatal del enamorado no es otra más que ésta: 'yo soy el que espera'.
¿Estoy enamorado? -Sí, porque espero".

Roland Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso
"Yo miraba sonriendo las encuadernaciones rojizas de las novelas que protegían finales dichosos y el triste olor del tiempo".
Juan Carlos Onetti, La vida breve
"Ella era un bicho arrinconado. Normalmente dialogaba consigo misma. Daba los pros y los contras y siempre quien perdía era ella. Su vida era una constante sustracción de sí misma. Todo eso porque no atendió a la llamada de las sirenas".

Clarice Lispector, "Donde estuviste de noche"
Uno aprende a andar sobre las catedrales
a morir desnuda en las grandes tiendas
de la ciudad
a dejar pájaros en los percheros
a estallar en el metro a las dos de la
tarde,
aprende que la magia
tiene que ser cuidada como un niño
desierto entre los lobos,
que a cualquier hora
puede hacernos el amor sus cosas.

Stella Calloni, "Cartas a Manú", Memorias de trashumante
"Vivían la lenta e invisible compenetración de sus respectivos universos, eran como dos astros que gravitasen alrededor del mismo eje en sus órbitas cada vez más próximas y cuyo destino era colisionar en algún punto del espacio y el tiempo".

Paolo Giordano, La soledad de los números primos
"Vivir sin leer es peligroso, obliga a conformarse con la vida".
"Me parece absurdo poseer a una mujer sin haber intimado antes, compartido antes algo de nuestros mundos, para que el sexo no sea puesto en evidencia en toda su miseria, es decir, me parece absurdo no hacer propiamente el amor".

Mario Levrero, El alma de Gardel