domingo, 28 de septiembre de 2014

El verano sin hombres

"Me he dado cuenta de que ocultar algo resulta tan interesante como contarlo. Me fascina cómo el habla, ese corto viaje entre nuestro interior y el exterior, puede ser tan doloroso bajo ciertas circunstancias".

"Me quedé quieta durante unos minutos. Me quedé allí, descalza sobre la hierba tibia, y sentí una enorme tristeza. De repente, sentí tristeza por todos nosotros, los seres humanos, como si, súbitamente, hubiese subido volando hacia los cielos y, como una especie de narrador omnisciente de una novela decimonónica, observase desde arriba el espectáculo de esta imperfecta humanidad, deseando que las cosas fueran diferentes, no totalmente diferentes, pero lo suficiente como para ahorrarnos un poco de sufrimiento aquí y allá. Era un deseo modesto, estoy segura, no era ninguna fantasía utópica sino la aspiración de un narrador sensato que sacude su pelirroja cabeza surcada por algunas canas y llora desde el alma, llora porque es normal llorar ante la infinita repetición de la maldad, de la violencia, de la mezquindad y del dolor. Y seguí llorando hasta que la puerta se abrió y mis  tres vecinos salieron de la casa, cruzaron el patio y les di cobijo".

"Todos debemos dejarnos llevar por la imaginación y proyectarnos, de vez en cuando, para tener la oportunidad de ataviarnos con esos trajes largos y esos fracs de un tiempo que nunca fue y nunca será. Sirve para dar cierto lustre a nuestras deslucidas vidas y a veces, incluso, para poder elegir un sueño u otro y, en esa posibilidad de elección, dar una tregua a nuestra habitual tristeza. Después de todo, ninguno de nosotros podrá desatar jamás el nudo de las ficciones que conforman ese algo inestable que denominamos el Yo".

"La danza de la imaginación consiste en ser otro. Sin ella no somos nada".

"Sus 'Yo' estaban revueltos e intentaban descubrir lo que significaba tener otro papel en la vida, ponerse en la piel del otro, pertenecer a otra familia, a otro lugar".

"Todos nos estamos muriendo, uno a uno. Olemos a mortalidad y no podemos desprendernos de ese aroma. No hay nada que podamos hacer excepto, quizá, romper a cantar".

"El tiempo nos confunde. Los físicos saben cómo jugar con él, pero el resto de nosotros tenemos que ajustarnos a un presente vertiginoso que se transforma en un pasado incierto y, por más embrollado que ese pasado resida en nuestra memoria, siempre avanzamos inexorablemente hacia nuestro final. Sin embargo, mientras todavía estemos vivos y nuestro cerebro sea capaz de conectar unas ideas con otras, podemos saltar en nuestra mente de la infancia a la edad adulta y volver atrás y elegir cualquier momento de la época que queramos, un recuerdo dulce aquí y otro amargo más allá. Nunca volverán a ser lo que fueron, sólo una encarnación posterior. Lo que un día fue futuro es ahora pasado, pero el pasado vuelve en forma de recuerdo presente, está aquí y ahora, mientras escribo. De nuevo estoy escribiéndome en otro sitio".

Siri Hustvedt, El verano sin hombres

lunes, 8 de septiembre de 2014

Yo era una chica moderna

"Ese fue el verdadero comienzo de la aventura. Así empezó todo, con dos chicas desesperadas en una terraza a la medianoche, ebrias de alcohol y de venganza. No, no venganza: justicia. Éramos dos justicieras, decididas a todo con tal de reponer las cosas en su lugar. Por modernas, queríamos restaurar la antigüedad. Por antiguas, queríamos imponer lo moderno".

"Cuando me desperté al día siguiente, el sueño que había tenido temblaba todavía en mi paisaje espiritual, como una niebla del corazón".

"Nunca quedó en claro si fue la Historia la que los separó, o ellos los que separaron la Historia".

"Los anteojos se plegaban y desplegaban, cerraban sus patillas como bracitos delgadísimos y se quedaban quietecitos, durmiendo; después los abrían, como el niño que abre los brazos para que la mamá lo alce, y se prendían a mi cara, a la parte más sensible y expresiva de mi cara, y ahí se quedaban todo el día. ¿Cómo no quererlos si ellos me daban la luz y los detalles?"

"Simetrías que son casi inevitables cuando una historia se echa a andar, magias parciales del relato. Todo lo que pasa ha pasado ya, bajo otra forma. Pero El Gauchito era demasiado. No era real, era de fábula. Lo habíamos ganado en contra de todas las leyes del realismo. Era uno de esos seres prodigiosos que viven en el corazón de los cuentos.
-¿Te parece que si le pedimos un deseo nos lo concederá? -pregunté. 
-¡Por supuesto! A mí ya me lo concedió. Yo quería conservar a mi novio.
-Yo en cambio no tengo novio.
-Podrías pedirle uno...
-No. Soy una romántica incurable, y quiero vivir todas las etapas del amor sin hacer trampas. Además, sería poco inteligente pedirle algo que se da por sí solo, pudiendo pedirle algo maravilloso y nunca visto".

César Aira, Yo era una chica moderna

Amigas

"Nos reíamos como locas, como locas, como locas... Las carcajadas se hundían como tirabuzones en la oscuridad de la noche. Siempre era lo mismo, cuando llegábamos a cierto punto. A partir de ahí, ya nadie nos entendía, y nosotras mismas tampoco nos entendíamos, pero por exceso, porque nos entendíamos demasiado bien.

Lila era mi mejor amiga. Nos conocíamos desde los dieciocho años, y nuestra amistad había sido inquebrantable a través de todos los altos y bajos de la vida. No podíamos ser más distintas. Nunca dos seres humanos han tenido personalidades más opuestas. Y no sólo eso: nuestras familias parecían provenir de planetas distintos, y nuestras historias eran tan divergentes que sólo un milagro podía haber hecho que nos cruzáramos. Pero ese milagro se había producido, y a partir de él nada nos pudo separar. Aunque distinta de mí, ella era tan moderna como yo, lo que me hizo pensar que había más de una modernidad, por lo menos dos, la suya y la mía.

El gran desafío de nuestra vida era... la vida. Lo interno, lo profundo de la vida. (Se necesitan largos y afilados y violentos tirabuzones para entrar en lo profundo y abrirlo; no es cuestión de sentarse a pensar.) Buscábamos lo inolvidable. Lo irreversible.

Nunca lo habíamos hablado pero era el impulso fundamental que nos llevaba adelante, cuando todo lo demás nos detenía. Frágiles, 'sexo débil', formadas en una cultura del confort y del menor esfuerzo, lo más lógico habría sido que nos estancáramos en la complacencia de un estado estable, cualquiera, el primero al que llegáramos. La carrera que corríamos para estar una a la altura de la otra nos mantuvo en movimiento. Era una carrera peculiar, porque siempre nos estábamos alcanzando; nunca nos adelantábamos, siempre nos sentíamos ligeramente retrasadas. Escrúpulos aterradores nos asaltaban por la noche. ¿Cuál era la verdadera naturaleza de nuestro ser, cuál era la velocidad justa de nuestro crecimiento espiritual?"

César Aira, Yo era una chica moderna

lunes, 1 de septiembre de 2014

Revelación

Sentir que la naturaleza es la que está en su lugar.
Yo no
Vos tampoco
Y nosotros, todos, invasores.

Simulamos que nos invadimos los unos a los otros
cuando en realidad
nos invadimos a nosotros mismos.

También invadimos lo que nos rodea
lo penetramos hasta que no da más
Y, como puede, nos dice basta.

No toleramos
lo diferente
lo inconcebible
lo que no se nos parece.

Y así nos perdemos
la riqueza de experimentar
qué se siente ser otro.