“Pienso que las palabras hay que conquistarlas, viviéndolas, y que la aparente
publicidad que el diccionario les regala es una falsía. Que nadie se anime a
escribir suburbio sin haber
caminoteado largamente por sus veredas altas; sin haberlo deseado y padecido
como a una novia; sin haber sentido sus tapias, sus campitos, sus lunas a la
vuelta de un almacén, como una generosidad… Yo he conquistado ya mi pobreza; ya
he reconocido, entre miles, las nueve o diez palabras que se llevan bien con mi
corazón; ya he escrito más de un libro para poder escribir, acaso, una página. La
página justificativa, la que sea abreviatura de mi destino, la que sólo
escucharán tal vez los ángeles asesores, cuando suene el Juicio Final”.
Jorge Luis Borges, "Profesión de fe literaria"
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