"Las personas están desesperadas por 'relacionarse'. Sin embargo, desconfían todo el tiempo del 'estar relacionados', y particularmente de estar relacionados 'para siempre', por no hablar de 'eternamente' porque temen que ese estado pueda convertirse en una carga y ocasionar tensiones que no se sienten capaces ni deseosos de soportar, y que pueden limitar severamente la libertad que necesitan -sí, usted lo ha adivinado- para relacionarse".
"El amor no encuentra su sentido en el ansia de cosas ya hechas, completas y terminadas sino en el impulso a participar en la construcción de esas cosas. El amor está muy cercano a la trascendencia: es tan sólo otro nombre del impulso creativo y, por lo tanto, está cargado de riesgos, ya que toda creación ignora siempre cuál será su producto final. En todo amor hay por lo menos dos seres, y cada uno de ellos es la gran incógnita de la ecuación del otro. Eso es lo que hace que el amor parezca un capricho del destino, ese inquietante y misterioso futuro, imposible de prever, de prevenir o conjurar, de apresurar o detener. Amar significa abrirle la puerta a ese destino, a la más sublime de las condiciones humanas en la que el miedo se funde con el gozo en una aleación indisoluble, cuyos elementos ya no pueden separarse. Abrirse a ese destino significa, en última instancia, dar libertad al ser: esa libertad que está encarnada en el Otro, el compañero en el amor".
Zygmunt Bauman, Amor líquido
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