"Es una innoble victoria la obtenida por la religión,
la sociedad y la ciencia sobre la conciencia humana al llevarla
en un momento dado a abandonar su cuerpo,
al hacerla creer que el cuerpo humano era perecedero
y destinado al cabo de poco tiempo a desaparecer.
No, el cuerpo humano es imperecedero e inmortal, y cambia,
cambia física y materialmente,
anatómica y manifiestamente,
cambia visiblemente y en el mismo sitio
siempre que se quiera tomar el trabajo material de hacerlo
cambiar".
Antonin Artaud, "El teatro y la ciencia"
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